Cómo reconocer un antro: indicios y certezas

  • Detalle de cerámica rococó: baldosa con inscripción “hoy hace un buen día, verás como viene alguien y lo jode”.
  • Barriles de cerveza vacíos atrezzando el baño de hombres
  • Cortinas impregnadas de aceite (cosas de tener la campana extractora colmatada con 5 cm de ácidos grasos saturados) como para freír una manada de búfalos.
  • Porra de madera con la leyenda grabada “aquí no se fía” (edición coleccionista “bares de carretera de la provincia de Cuenca”).
  • Reloj de pared de madera de Pacharán Etxeko.
  • Reclamo publicitario: “hay paella casera”. Según el ansia repostera del dueño, también tiene cabida un “hay flan casero”.
  • Banderín con la alineación del Atlético de Madrid el año del doblete; es posible que venga acompañado de una bufanda raída y descolorida que recuerde tamaña efeméride.
  • Cortina de tiras de plástico antimoscas a la entrada (DE CRACK).
  • Sillas bajas con respaldo a base de plastiquete trenzado con capacidad extraabsorbente para el sudor ajeno.
  • Mucho parroquiano con los dos primeros botones de la camisa desabrochados.
  • Saleros rellenos de granos de arroz para que “no se pegue” el contenido.
  • Un San Pancracio dirigiendo el cotarro sobre la caja registradora.
  • Cliente con zapatos de rejilla (un cláasico de la temporada primaver-verano del 76).
  • Cuchillos con el filo de una tijera de punta roma.
  • Vasos de duralex (lo mismo te sirve para servir un chato que para guardar fresca la dentadura por las noches). Muy importante: hilillo fósil de mistol resplandeciente con orgullo.
  • Conjunto de servilletero-carta_plastificada-palillero (imprescindible que los palillos no vengan envueltos y además sean de los planos: ideales para astillarse una encía o pillar el ébola por un uso inadecuado de la higiene por parte del anterior cliente).
  • Azucarillos cúbicos, nada de sobrecitos.
  • Camarero con los sobacos tomados por las Lagunas de Ruidera.
  • Vitrina para proteger los sobaos martínez de aspecto marmóreo que ofrecen sólo como desayuno.
  • Si el dueño ha leído algo sobre la nouvelle cuisine en el Marca, es posible que haya modernizado con “reducción de Pedro Ximénez” el 90% de sus platos (incluidos postres y el agua del grifo)
  • Tapete verde ochentero para las partidas de cartas.
  • Hucha en forma de cerdo para las propinas.
  • Camarero con mostacho nietzschiano y tendencia a afeitarse sobre un plato hondo.
  • Menú del día de ayer en el que “se me han acabado” o “no me quedan” los lomos de lubina. “Si acaso un poco de panga, que es parecido”.
  • Pesetas rubias y plateadas a modo de pitas y amarracos para el mus.
  • Cliente con bastón de madera acabado en dos modalidades diferentes:
    • Adorno de fantasía (pongamos como una gorguera) a base de flecos locos de cuero to´guapos.
    • Empuñadura de palanca de cambios de un SEAT 127.
  • Suelo alicatado con servilletas de papel transparente (cortesía del aceite de colza y la mayonesa de bote) hechas un ovillo.
  • Cocinera con una silueta tipo Pangea (o monocontinente) que siempre va en pantuflas.
  • Jamones colgados con esa especie de chirimbolos en forma de pirámide hueca invertida para recoger la grasa que sueltan los “ibéricos” de turno.
  • Colección de botes de cocacola vacíos con motivos de las selecciones de fútbol que participaron en el mundial de USA´94
  • Posavasos de pacharán Zoco.
  • Pastilla de jabón (nada de dispensadores) con bien de espuma reseca de la marca blanca de Heno de Pravia sobre una jabonera blanca en forma de esqueleto hueco (para que escurra) de pez.
  • Recorte de periódico regional con una reseña liliputiense y ambigua sobre el restaurante/bar en 1996.
  • Campaña de marketing agresivo: “los jueves pinta a precio de caña”.
  • Trapo húmedo para “ensuciar” la barra (también conocido como “brocha de salmonella”).
  • Pizarra para apuntar la porra del próximo clásico.
  • Cartel de toros de las fiestas de San Isidro de algún año indeterminado de la Transición.
  • Cocinero con pies-de-atleta por manos (“revuelto de hongos casero”).
  • Pegado a la caja, un calendario de mano de 2003 con una cara que en realidad es un conversor de euros a pesetas.
  • Insectocutor rebozado de varias generaciones de invertebrados; que cuenta, bien es cierto, con la inestimable ayuda de un matamoscas de plástico naranja con la forma de una mano.
  • Foto del dueño con algún famosete tipo David Bustamante o, mejor aún, David Civera.
  • Fotos de las fiestas de quintos de 1987.
  • Botella de anís del mono con el cuello petrificado por el azúcar enquistado.
  • Décimos de lotería del gordo de navidad en venta para sufragar el viaje de estudios del hijo/sobrino del dueño.
  • Aceitera con agua mineral de canilla.
  • Cartel reversible:
    • En verano: hay gazpacho fresquito.
    • En invierno: hay caldo caliente.
  • Vino de la casa “siempre descorchado”.
  • Cuenco con encurtidos (aceitunas, pepinillos, cebolletas y recortes de pimientos) flotando en un escabeche con pH próximo al sulfúrico.
  • Máquina tragaperras con taburete y prejubilado incorporados.
  • Microondas entronizado en la milla de oro de la contrabarra.
  • Panera de mimbre acumulando migas desde tiempos preconstitucionales.
  • Mantel de hule a cuadros con restos adheridos de todo el catálogo del menú.
  • Si el dueño es un aficionado a los deportes, el recuerdo autografiado de alguna leyenda noventera caída en el olvido:
    • Si lo suyo es el ciclismo, un maillot de, por ejemplo, Abraham Olano.
    • Si lo suyo es el fútbol, una elástica de Paco Buyo o Derticya.
    • Si lo suyo es el baloncesto, una camiseta de Jordi Villacampa o de los hermanos Jofresa.
  • Camarero con chalequito granate y esclava de oro de 18 kilates en la muñeca derecha
  • Rincón de la barra habilitado como revistero donde se acumulan suplementos dominicales y tomos caducados de las páginas amarillas.
  • Engañosa información temporal para prestigiar la larga tradición del local: “casa fundada en…”.
  • Cartel (en la pared que da a la calle) con el nombre del bar (normalmente “Casa+nombre de saldo”) con una foto gigante de una cocacola.
  • Verja plagada de pegatinas con los teléfonos de chapuzas disponibles las 24 horas.
  • Radiocasssette de doble pletina donde sólo se sintoniza Radio Nacional.
  • Ración de percebes-almejas-navajas “frescas” sobre lecho de lechuga iceberg del Carrefour.
  • Secador de manos con el motor de un Boeing 747; eso cuando no hay directamente una toalla de tela “granja escuela de ácaros”.
  • Huellas sebosas de dedos en los espejos de los baños.

Firmado: El Subcomandante Farnsworth.

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